Un paréntesis en nuestras vidas

la foto-10He celebrado junto a mis compañeros médicos el Día de nuestra Patrona, la Virgen del Perpetuo Socorro, y este año tuve el honor de dedicar unas palabras que quiero compartir con vosotros:

“Un paréntesis en nuestra vidas”

Queridas y queridos compañeros, amigos todos:

Es tradición que, con motivo de la festividad de nuestra patrona, la Virgen del Perpetuo Socorro, uno de nuestros colegiados, o persona cercana a la institución, pronuncie unas breves palabras como marco, contexto o bienvenida a la celebración. No se trata de un “chupinazo” al modo de los que abren los festejos populares, sino que, en mi caso, pretendo que sea una leve reflexión sobre lo que ha significado para una compañera vuestra, que ya lleva una veintena larga de años en el ejercicio de la medicina, haber accedido a la alcaldía en nuestro querido Gijón, ciudad y municipio de los más poblados de Asturias, y auténtico laboratorio que refleja de un modo muy preciso las luces y las sombras de esa pasión que, por encima de localismos, todos llevamos dentro y que se llama Asturias.

He titulado estas notas como “Un paréntesis en nuestras vidas”, alusión a la provisionalidad (que no a la improvisación ni a la precariedad) de mi actual dedicación a la vida pública, algo que para mi no es ajeno, y mucho menos contradictorio, a los más sólidos valores que, siendo una adolescente, me movieron a matricularme en la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo.

 El ser humano, como todas sus complejidades, también presenta aspectos y perfiles de una abrumadora sencillez, y son precisamente aquéllos sustentados por la búsqueda del bien común, por el afán de la excelencia, por la lucha a favor de la justicia social, por la obtención de unas condiciones mínimas que aseguren unas circunstancias dignas para el desarrollo de la propia existencia…y todo ello bajo la máxima cervantina de que “nadie es más que nadie si no hace más por los otros”.

Por esos otros que, para el filósofo Sartre, son el infierno, mientras que para nuestra ética, y hasta para nuestra estética, son la redención moral que forma parte de nosotros mismos.

Me gustaría apropiarme – y que no parezca pretencioso, sino una prueba de admiración- de aquella frase del ilustre don Gregorio Marañón, cuando se definía a sí mismo como “un trapero del tiempo”; es decir, alguien que exprimía con avidez la esencia de cada instante, que coleccionaba momentos, y que procuraba que ningún minuto de su vida fuese estéril.

Ese sentido le quiero dar a este “paréntesis en mi vida”, desde la convicción de que uno está conformado por los conocimientos y las experiencias que adquiere, pero sobre todo uno es aquello que da a los demás. En realidad, lo que verdaderamente posees es lo que has entregado, y lo que se mantiene en tus manos, si no lo administras con generosidad, termina por convertirse en dueña o dueño de ti mismo.

No es una adivinanza de ociosos preguntarse en qué se parecen la consulta de un médico o un quirófano, por un lado, al despacho de una alcaldesa o el salón de plenos municipales, por otro. Lo contesto muy rápido: se parecen en casi todo, acaso en demasiadas cosas, y todo ello porque la sagrada materia prima con que tratan es la misma; son, ni más ni menos, seres humanos. Y además, personas que, por diversas circunstancias tienen un problema, bien es cierto que de distinta etiología y de diverso grado de gravedad, pero problema humano a fin de cuentas.

Llevo dos años viviendo en el lado municipal de esta balanza, del mismo modo que estuve décadas en el lado sanitario, y allí nos encontraremos de nuevo, entre diagnósticos y bisturíes.

Una de mis conclusiones es que cada individuo es distinto, que no estamos fabricados en serie, que no salimos de una mecánica cadena de producción que crea y ensambla piezas para una misma función y de un mismo tamaño. Por el contrario, cada ser humano, en su noche y en su amanecer, es un prototipo, y eso forma parte de su grandeza, por muchas que sean las afinidades y hasta las identidades anatómicas entre dos personas. Todo puede coincidir, en forma, tamaño, disposición y funcionamiento, pero todo tiene una fuerza o un gesto o un estilo original, como si se tratarse de irrepetibles huellas dactilares.

Añádase a esto, y seguimos en el plano médico, que toda patología es un hecho social, que implica al paciente, a sus familias, a las secuelas de la enfermedad, al contexto socioeconómico en que se desarrolla su existencia, a sus creencias y su filosofía de la vida; hechos que hacen más complejo que, en un principio, a alguien le parecería propicio para la rutuna, que es uno de nuestros grandes enemigos.

En la política – y no me refiero a la alta política de los organismos internacionales sino a la política municipal, que es la de cercanía y la de contacto- ocurre algo parecido, aunque con sus matices. Todos los ciudadanos son, teórica y constitucionalmente, iguales, pero no hay dos con plena afinidad en sus intereses, en sus problemas, en sus aspiraciones y en sus sueños. Y aquí ya no actúas (o mejor, interactúas) exclusivamente de modo individual, sino que las soluciones que sugieres  para un caso son extrapolables a otro, y el remedio de una necesidad, aún con unas capacidades limitadas, implica la solución a otras muchas de idéntica naturaleza.

En ambos casos, en el médico y en el político, uno de los objetivos más buscados es el de entender y hacerse entender. También es aprender a medir los tiempos y a elegir el momento. Es ensanchar los brazos de la comprensión para que todo quede en ellos, incluso lo que no tiene remedio, pero siempre procurándole al interlocutor la auténtica percepción de que su problema también es el tuyo, de que muchas veces un remedio implica diez renuncias o de que, para alcanzar un objetivo, no siempre se trata de llegar el primero sino de saber llegar.

“Desde un cargo público y jugando limpio se puede hacer por los demás”

No quiero eludir el contexto partidista en que se enmarca el ejercicio de la política en España y en otros países de nuestro entorno. He sido elegida hace dos años – y sinceramente de un modo inesperado-  encuadrada en la formación Foro-Asturias, cuyos principios de regeneración democrática me entusiasmaron entonces; entusiasmo que va “in crescendo” a medida que conozco por dentro este joven partido, y también en la medida en que percibo lo que, desde un cargo público, y jugando limpio, se puede hacer por los demás. No digo esto como propaganda, que cada uno es libre y cada idea respetable, sino por no eludir lo que puede ser una cuestión evidente que algunos se hacen por mi presencia en este estrado.

Les confieso además que yo hasta hace poco a los políticos…ni los veía. Y si los veía, les hacia poco caso, incluso a las autoridades sanitarias de distinto signo que nunca me convencían del todo, salvo alguna excepción. Es algo a cuya corrección quiero contribuir desde la modesta aportación con que ahora pueda contribuir : a que políticos y médicos dialoguemos y entendamos, como estoy viviendo, que son muchos los asuntos comunes que manejamos y en que estamos implicados. A los médicos, por lo general, se nos sigue tratando injustamente desde las diversas Administraciones, se ha divulgado la falsedad de que somos una casta privilegiada, y este desencuentro necesita una labor intensa y constante de acercamiento y de complicidad, teniendo como fondo lo verdaderamente importante, que es la demanda de los pacientes.

“La política es para mi una dedicación temporal ejercida con entusiasmo”

La política, en fin, no es para mi una profesión sino una dedicación temporal ejercida, eso sí, con entusiasmo y sin hurtarle un instante. Mis guardias, ahora, son de 24 horas, e incluyen satisfacciones pero, también sobresaltos.

Apuesto por una sociedad más feliz, estoy orgullosa de ser compañera vuestra, he pasado en los últimos años por circunstancias personales especialmente duras (de las que, junto a las lágrimas, extraje valiosas enseñanzas), tengo mis anclas amarradas en los más hondo de mi familia –mis padres, mi hermana, mi abuela  con sus jovencísimos 97 años- y ante cualquier bajón recurro a una dosis más leve o más fuerte, de “playuvitamina”, droga que se da exclusivamente en Gijón y que es un concentrado reconstituyente de buena fe, de capacidad de resistencia y de humor.

Muchas gracias,

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