La política hoy necesita cantidades ingentes de diálogo y negociación

Nuestra política en los ayuntamientos se inscribe en un contexto general que no podemos eludir porque condiciona las ideas que surgen desde las corporaciones municipales e influye en nuestros planes.

La política española y asturiana no está situada en las mismas coordenadas que en 2011, el año que nos constituimos como partido y en el que concurrimos a las primeras elecciones locales.

En este tiempo hemos visto cómo emergía una potente mayoría absoluta en la política española, la mayoría que llevó a Mariano Rajoy a formar gobierno, y también contemplamos cómo se desmoronaba. Los 186 escaños del PP en el Congreso de los Diputados significaban el segundo mayor respaldo obtenido en la democracia por un líder nacional español y ahora las encuestas lo sitúan incluso por detrás del Partido Socialista, que hace cuatro años estaba a 76 escaños de distancia del PP. Un sonoro fracaso, si bien es cierto que una mejoría económica relativa palía el desastre. Digo relativa, porque los sensibles crecimientos del PIB suceden después de haber retrocedido la producción de bienes y servicios de una forma desconocida en la etapa democrática, así que España o Asturias pueden estar mejor que hace un par de años, pero mucho peor que cuando empezó la crisis. No se ha recuperado el empleo, ni la industria, ni la inversión pública y privada, ni la cohesión en una sociedad que ha conocido un proceso de empobrecimiento propio de los países que sufren desastres naturales, boicots económicos o se ven implicados en contiendas bélicas.

Estamos en una situación distinta, con nuevos partidos

IMG_8462En estos años han nacido dos partidos nuevos que están representados en el Ayuntamiento de Gijón, como lo están en otros consistorios, dando paso a nuevas correlaciones de fuerza en el interior de las corporaciones locales.

Tengo una limitada capacidad de análisis, pero estoy atenta a todo que sucede a nuestro alrededor, y me reafirmo en la idea de que no estamos ya en el 2011, sino ante una situación distinta, en Gijón, en Asturias, en España y en los países que nos rodean.

Cómo explicar si no que un gobierno hunda a un país en seis meses, convoque un referéndum, lo gane, aplique a renglón seguido una política contraria a la que resultó ganadora en el referéndum, disuelva el Parlamento y vuelva a ganar con holgura en las urnas.

No tengo una respuesta para explicarlo, pero deduzco que cuando un país, una región o una ciudad están muy castigados por la crisis económica, la respuesta del electorado es imprevisible. El hartazgo social ante partidos y gobiernos es la base para que surjan sorpresas de las urnas.

No hay un camino previsible, ni un patrón de comportamiento para hacer esto o lo otro. No tenemos un modelo. Debemos estar muy atentos a captar los primeros indicios de los fenómenos sociales para tratar de darles respuesta desde las instituciones.

Tratar de repetir las políticas que valían hace unos pocos años supone avanzar por la vía equivocada.

La idea de cambio que preconizamos ante la sociedad debemos aplicárnosla a nosotros mismos.

La crisis ha hecho que los ciclos políticos se hayan acortado, que el desgaste social afecte a los proyectos políticos con inusitada rapidez, de modo que tenemos que reinventar políticas, alianzas, programas, sin tener ninguna garantía de que sean acertados. Hay que arriesgarse sin que el riesgo tenga asegurado ningún premio.

Todo ello lo vamos a hacer en medio de una crisis nacional, que sacude conciencias y hace interrogarse sobre la identidad colectiva, causada por la puesta de largo de un proyecto secesionista que por desgracia no tiene la sintomatología del sarampión. Con ese telón de fondo hacemos política desde los ayuntamientos.

El caso concreto de la dimensión municipal

Voy a referirme a un caso concreto, de dimensión municipal, para tratar de ver cómo la crisis económica ha modificado las categorías políticas de los ciudadanos, dando pie a respuestas electorales imprevisibles.

La ciudadanía está más dispuesta a favorecer los acuerdos sobre cosas concretas de lo que estaba en el pasado. Puede que la gente se haya cansado de los duelos dialécticos y necesite frutos tangibles. El tiempo de las grandes discusiones, regadas con descalificaciones hacia el rival, ha quedado atrás. Al menos para el corto horizonte que podemos contemplar en esta época de incesantes y contradictorios cambios.

Los efectos políticos de la crisis económica han traído una fragmentación de la representación política. Hay más grupos y las mayorías absolutas son contadas. Esto ocurre no sólo en los ayuntamientos, también en la Junta General del Principado, y después de las elecciones generales del mes de diciembre estoy segura que veremos un Congreso de Diputados más dividido que nunca. Esta es una situación nueva, con dificultades desconocidas, pero también con oportunidades ocultas.

Cuando un partido o un bloque ideológico formado por dos o tres siglas tienen mayoría absoluta, la oposición se defiende poniéndose en contra. Puede haber diálogo, pero desde posiciones muy delimitadas y con escasas posibilidades de acuerdo, más allá de asuntos puntuales.

Sin embargo, en una corporación muy fragmentada es más difícil visualizar mayorías y minorías. En el Ayuntamiento de Gijón entendimos que había que hacer borrón y cuenta nueva. Olvidarse de antiguos antagonismos, dejar de mirarse las cicatrices de pasadas batallas, y compartir información y decisiones con el resto de grupos.

Actuar así exige cantidades ingentes de diálogo y negociación. Hay que trabajar mucho más porque es muy importante generar confianza, y para eso hace falta tiempo y mucha paciencia.

Me gustaría añadir una reflexión que me he venido haciendo desde el año 2011 que presido la Corporación.

Nos guste o no, la mayor parte de los asuntos que se tratan en los plenos municipales apenas tienen sustancia ideológica, de modo que las soluciones no se pueden etiquetar de derechas, de izquierdas o de centro. La gestión del transporte municipal, las becas para los niños de Primaria, la limpieza de las calles, el programa de fiestas, los cursos de prácticas deportivas, el asfaltado de calles y aceras, la rehabilitación de viviendas, la defensa del patrimonio municipal, el mantenimiento de colegios, la contratación de personal o los sueldos de los funcionarios no dependen para nada de la coloración política de los gobiernos.

Si excluimos la cuestión de los impuestos, las tasas y los precios púbicos, el resto de decisiones no están relacionadas con principios ideológicos o categorías políticas. La gestión de los servicios municipales, la construcción de las infraestructuras y equipamientos se abordan con los mismos objetivos desde la mayoría de los partidos. Esta es una realidad que no admite discusión. Otra cosa es que para el hipertrofiado debate político de nuestra región se quiera escenificar una tensión derecha-izquierda que sólo está en la mente de quienes la provocan.

Esta reflexión también nos fue muy útil para gobernar en este nuevo periodo. Hemos iniciado esta nueva etapa con espíritu de unidad y pertrechados de buenas dosis de pragmatismo que nos lleva a evitar confrontaciones y poner en primer plano las cosas que nos unen. Hay que generar unidad y para eso es bueno abandonar los clichés del discurso político y adquirir un tono mucho más ciudadano. Cuanto más vayamos a cosas concretas, más fácil será el entendimiento.

La primera gran operación de consenso en el Ayuntamiento de Gijón fue el plan de choque

Dio respuesta a exigencias básicas (planes de empleo, pobreza energética, ayudas a la contratación, ayudas a empresas de la economía social, convenios de la Seguridad Social) y que constituye la prioridad de todos los partidos.

En la actualidad hemos pasado a discutir sobre el Plan de Urbanismo a partir del trabajo realizado por el gobierno de Foro en el anterior mandato. Estamos encarrilando un problema creado con las dos anulaciones judiciales a los planes presentados por los gobiernos socialistas. Simultáneamente, también avanzamos en el proyecto de presupuestos.

En definitiva, los grandes objetivos de siempre, pero abordados desde otras premisas y con vocación de unidad.

Creo que en la nueva etapa es fundamental la ejemplaridad de los políticos, el tono ciudadano de los discursos y volcar la energía sobre cosas concretas.

En Gijón, el gran valor de Foro fue retener el Gobierno. La victoria electoral, en un contexto muy adverso, nos da la oportunidad de orientar la gestión municipal hacia los intereses de los ciudadanos.

Pensando en el largo plazo no podemos olvidar que la precariedad de los recursos públicos ha venido para quedarse, y habrá que recurrir a negociar con la iniciativa privada su colaboración con distintos proyectos. Igualmente, la gestión de los servicios públicos necesita una reflexión, porque resulta muy cara para el contribuyente. La reforma de la Administración será la asignatura pendiente cuando escampe definitivamente la crisis económica.

Dejo para el final lo más importante

En tiempos de incertidumbre debemos recordar que se hace camino al andar. No hay recetas mágicas, fuera de la decencia personal, el compromiso con el trabajo y la defensa de los intereses generales sin admitir presiones de parte. Si nos mantenemos firmes seremos una opción interesante para la sociedad asturiana. Seguro.

Dejo para el final lo más importante: en tiempos de incertidumbre debemos recordar que se hace camino al andar. No hay recetas mágicas, fuera de la decencia personal, el compromiso con el trabajo y la defensa de los intereses generales sin admitir presiones de parte. Si nos mantenemos firmes seremos una opción interesante para la sociedad asturiana. Seguro.

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