Cerremos filas en torno a nuestras empresas

Todos los años me encuentro muy a gusto participando en la entrega de los Premios Impulsa, porque creo que tiene una importancia mayor de la que se pudiera pensar. Se trata de reconocer el trabajo callado de empresas admirables, fruto de espíritus emprendedores, valientes, que no dudan en invertir, en asumir riesgos, lanzándose al mercado, pese a que el contexto económico general no sea todo lo confortable que deseáramos. Empresas que han aportado valor añadido en muy poco tiempo, fruto del esfuerzo, del trabajo, de la intuición, de la audacia de sus directivos.

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En una sociedad de la imagen, como la que nos toca vivir, los Premios Impulsa ponen a las empresas en el escaparate de Gijón para que todos los ciudadanos las podamos conocer y valorar. Ya sé que las propias empresas velan por su imagen corporativa, pero vivimos en una región donde no está de más homenajear y galardonar a empresas privadas destacadas para cambiar la dañina visión dominante que envuelve las actividades del mercado, poniendo la etiqueta de “aprovechados” a quienes triunfan, olvidándose de su contribución al bien colectivo.

No quiero escandalizar a nadie, pero afirmo con toda rotundidad que las empresas privadas hacen tanto por los intereses generales del territorio como las empresas públicas. No es un halago gratuito, lo voy a argumentar.

DSC_3978¿Cuál es el bien más preciado en nuestra sociedad? El trabajo, el empleo. Millones de españoles, miles de asturianos, sueñan todos los días con un puesto de trabajo. El empleo supone un salario para vivir, el mantenimiento de unas relaciones sociales estables, la posibilidad de hacer planes para el futuro. Más del 80% de los puestos de trabajo los demandan las empresas privadas. Defender y apoyar a las empresas privadas es defender y apoyar el empleo de los gijoneses y de los asturianos. La crítica, la desconfianza, las zancadillas, los abusivos impuestos suponen un obstáculo para el progreso de Gijón y de Asturias.

De la ausencia de inversiones o de los cierres de empresas se alimenta la cola del paro.

DSC_3973Los empresarios trabajan en búsqueda del beneficio económico, pero en ese objetivo involucran a muchas personas; a proveedores, a clientes, a trabajadores, de forma que el bien de la empresa es el bien de una comunidad más amplia. Un empresario no es un ser egoísta, es el líder de un colectivo.

Durante demasiado tiempo hemos tenido prejuicios en Asturias hacia las empresas privadas. Cualquiera que hable con empresarios percibe lo sensible que es el mundo de la empresa al ambiente que le rodea. El recelo, cuando no la hostilidad, ha impedido que se instalaran más empresas en nuestra región. Hemos perdido oportunidades de inversión por la desconfianza hacia el sector privado.
No nos engañemos recreándonos en las glorias del pasado, cuando el carbón asturiano era el principal recurso energético de la economía española y nuestra industria pesada trabajaba en régimen de monopolio para un mercado nacional cautivo, protegido por aranceles. Nada de eso va a volver.

DSC_3976Tampoco volverá la economía que conocíamos hasta que estalló la crisis económica. Hay que abrirse a otros mercados, con otro tipo de empresas que tengan en el capital humano su gran activo, su principal herramienta.

No hay refugios que nos protejan de la competencia. Empresas de otras regiones y de otros países venderán sus productos y servicios hasta en el último rincón de Asturias. La competitividad no es negociable, es el único camino hacia el futuro.

Sólo con empresas robustas, eficientes y competitivas habrá progreso en Gijón y Asturias. No hay alternativa, no se puede agitar ningún otro modelo, porque los experimentos extraños se pagan muy caros, con estancamiento, huida de inversiones y crecimiento del desempleo.

Aprendamos de naciones que van por delante de nosotros. En los países más avanzados del mundo, EE.UU, Canadá, Alemania, Holanda o Japón, las sociedades cierran filas en torno a sus principales empresas. Las multinacionales actúan como embajadores de esos países por el mundo.

DSC_3965Hagamos nosotros algo parecido. Hagamos nuestro el patrimonio empresarial gijonés y asturiano. Sintámonos orgullosos del mismo. Cerremos filas en torno al territorio, en torno a nuestras empresas. Pensemos en sus necesidades de suelo, de crédito, de especialización de la mano de obra, de precio y calidad de suministros, de infraestructuras. Resolvamos en la medida que sea posible sus carencias y, a través de las empresas encontraremos solución al desempleo.

Los más variados problemas, colectivos e individuales, tienen respuesta si logramos agrandar el tejido empresarial. La demografía, la emigración, los déficit de las administraciones, el bienestar de las familias, dejarán de causarnos quebraderos de cabeza si logramos que surjan nuevas empresas, y que aumenten su tamaño las que ya están instaladas.

DSC_3964No podemos perder tiempo. Hay que reconstruir el 10% de riqueza regional destrozada por el seísmo. Aprovechemos ahora que entra viento en las velas para avanzar rápido. Saquemos de los debates políticos y sociales a las empresas. Pongámonos de acuerdo en que se trata de un bien prioritario y que debemos presarle la atención y asistencia debida.

Tenemos que fomentar un cambio de valores en nuestra juventud, para que deje de pensar que la plaza fija de la Administración como forma de empleo, como modelo de vida, de ocho de la mañana a tres de la tarde, de lunes a viernes.

Ningún territorio prospera con administraciones de grandes dimensiones que originan un importante gasto corriente, financiado por los impuestos que pagan los ciudadanos y las empresas.

Se hace territorio, invirtiendo, produciendo bienes de calidad que se venden en mercados exteriores a precios competitivos. Así se gana el futuro.

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En una región o una ciudad que progresa al empresariado le corresponde un liderazgo social insustituible. Animo a los empresarios a jugar ese papel, a mirar hacia la sociedad y volcar en forma de reflexiones todo el caudal de conocimiento que atesoran por su experiencia.

DSC_3958El empresariado debe decir lo que piensa, desde el apartidismo, desde la neutralidad, pero con decisión y valentía. El empresariado tiene responsabilidades colectivas y debe asumirlas expresando sus juicos razonadamente, para ver si entre todos somos capaces de caminar por la senda adecuada.

 

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