Asamblea general de FADE

DSC_3348Acudí el jueves a la Asamblea de la FADE en Gijón, principal motor de la economía asturiana. En el acto hice algunas reflexiones que suelo hacer en actos públicos de dimensión empresarial.

Cuando las empresas van bien, toda la sociedad va bien. Cuando las empresas van mal, toda la sociedad va mal.

Es imposible hablar del Estado del Bienestar sin una presencia empresarial importante y un mercado solvente. Los líderes políticos que hablan de mantener las redes sanitarias y educativas públicas, y no se preocupan por las empresas, están vendiendo humo. Es imposible mantener indefinidamente las prestaciones sociales sin captar inversiones y lograr excedente empresarial que es la fuente del empleo.

Los planes de empleo son una obligación moral de las administraciones cuando hay dos millones de hogares con todos los miembros en paro. Pero se trata de una medida de urgencia, un torniquete para frenar la hemorragia de mano de obra, porque el verdadero plan de empleo nace de la creación de empresas y del crecimiento de las ya existentes.

Las administraciones tenemos que pensar en las cosas que estamos haciendo mal. No me refiero a pequeños detalles, sino a tener la osadía de replantearnos toda nuestra influencia en la actividad económica, en el diseño de los marcos regulatorios, en la definición de los estímulos, y por supuesto, en la cesta de impuestos.

DSC_3375En una sociedad tan burocratizada como la asturiana, la asunción del riesgo empresarial no se entiende. Se confunden empresarios con ricos, como si el empresario fuese un rentista que disfruta de una elevada renta mensual hasta el día que se jubila. No se piensa en las miles de empresas que cerraron, en la cantidad de empresarios que se vieron en la calle sin la menor cobertura estatal que los proteja.

No se valora la iniciativa de abrir un negocio, de someterse a la carrera de obstáculos que suponen las licencias administrativas, en la dura realidad de unos circuitos de crédito de difícil accesibilidad, en la falta de adecuación de una mano de obra que no siempre sale formada para las necesidades concretas de la producción. En definitiva, queremos empleos seguros sin pensar en las necesidades de los que tienen que ofertar esos empleos.

Otra reflexión capital debe ser los impuestos.  Una región con escasa pujanza económica, que necesita de los flujos de dinero que llegan de otras administraciones, no puede liderar el ranking de la presión fiscal. No es una cuestión moral, es una cuestión práctica, real. Las empresas que se deslocalizan, las que querían invertir en Asturias y no lo hacen, no tienen necesariamente que instalarse en lejanos países emergentes, sino en Cantabria, Galicia o Castilla y León. Tienen alternativas cercanas y baratas. Mucho cuidado con el manejo de los impuestos, porque puede ser más caro el coste que el beneficio.

DSC_3361Antes de quitar un euro a la economía productiva veamos si no podemos arañarlo del gasto corriente de la Administración.

Quiero que Gijón sea un terreno fértil para la iniciativa empresarial. No quiero que dejen de venir empresas por falta de colaboración. Podemos discutir de todo por el bien de Gijón y de los gijoneses. Los empresarios tienen la puerta abierta de mi despacho. Como ya dije en alguna ocasión, la mayor alegría de mi mandato fue ver cómo la bahía de Gijón pasaba de mirar los barcos con nostalgia a volver a contar con cientos de empleos en el astillero.

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